Hijas de la Caridad

Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl

La Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul fue fundada el 29 de noviembre de 1633 por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. Nació como respuesta a la inspiración del Espíritu Santo revelada a Santa Luisa el 4 de junio de 1623 en la fiesta de Pentecostés. Desde 1617 San Vicente de Paul se preocupó de la evangelización de los campesinos en las misiones populares y como fruto de las mismas, estableció Cofradías de la Caridad en las parroquias que acogían la misión. Châtillon-les-Dombes fue la primera parroquia en la que el santo estableció la cofradía de la Caridad. Él organizó a sus miembros, mujeres en su mayoría, y les dio un Reglamento para servir bien a los pobres enfermos y organizar la caridad parroquial. Con el paso del tiempo, las mujeres empezaron a cansarse. Lo pudo comprobar bien santa Luisa de Marillac, cuando fue enviada por San Vicente en mayo de 1629 para visitar las cofradías de la Caridad y poner en regla las cosas que no funcionaban bien.

Es entonces cuando el Espíritu Santo pone en el camino de san Vicente y santa Luisa a Margarita Nasseau, primera Hija de la Caridad que quiso dedicar su vida a enseñar a los niños y cuidar a los enfermos. Margarita murió en febrero de 1633 por acoger en su casa y compartir su lecho con una mujer afectada por la peste. Se contagió y murió mártir de la caridad en el hospital San Luis de París.

La muerte de Margarita Nasseau fue un faro de luz que impulsó a san Vicente y santa Luisa a ponerse en camino hacia las periferias de los pobres y fundar la Compañía de las Hijas de la Caridad como Sociedad de Vida apostólica dedicada a seguir a Jesucristo para enseñar a los niños y jóvenes de ambientes populares, cuidar a los enfermos y practicar todas las obras de misericordia en los centros sociales dirigidos por ellas.

Las Hijas de la Caridad siguen su vocación como continuadoras de la misión de Jesucristo. En la actualidad están presentes en 91 países de los cinco continentes, con 16.000 hermanas, todas empeñadas en la entrega total de su vida a Dios para el servicio de los pobres, según los principios y Reglas del propio carisma, legados por san Vicente y santa Luisa. Viven en comunidades de vida fraterna dedicadas a educar en colegios y escuelas; muchas son enfermeras en hospitales, otras educadoras sociales en hogares de acogida, albergues, comedores, centros de nutrición y otras obras de atención a marginados y emigrantes. En cada país están abiertas al entorno en el que viven para dar respuesta a las necesidades sociales más urgentes.

Como místicas de la caridad son fieles a su Bautismo y ratifican cada año su entrega total a Dios renovando sus votos el 25 de marzo, fiesta de la Encarnación, uniendo su renovación al Fiat de la Virgen María. Se dejan conducir por el Espíritu Santo para ser seguidoras de Jesucristo,  tener sus mismos sentimientos y ser continuadoras de su misión con los necesitados. Para actuar como Él, tienen como virtudes del espíritu propio: la humildad, la sencillez y la caridad. Estas virtudes son una síntesis de las Bienaventuranzas y constituyen la fuerza que las impulsa a la caridad en el interior de la Comunidad y con los pobres a quienes sirven. Son sembradoras de amor y esperanza allí donde están presentes el sufrimiento, la ignorancia, la violencia o la miseria que daña la dignidad de los hombres, las mujeres o los niños.  

Desde su fundación viven en salida misionera hacia las periferias para ser testigos de la misericordia de Dios entre los más necesitados.  Cuando los fundadores las enviaban a una misión, las ofrecían esta consigna: “Vais a representar la bondad y la misericordia de Dios entre los pobres”

En 1643 santa Luisa diseñó el sello de la Compañía a modo de recordatorio de lo esencial de la vocación: “La caridad de Jesucristo crucificado nos apremia”.  El corazón ardiendo en llamas con el crucifijo en el centro nos recuerda la experiencia espiritual de san Pablo: “Me amó y se entregó a la muerte por mi”. Es la fuerza para el seguimiento de Jesucristo imitando la caridad de Jesucristo con los pobres.

Desde 1790 las Hijas de la Caridad están presentes de forma estable en España. Las primeras comunidades del siglo XVIII se ubicaron en Cataluña y Aragón y de estas zonas del norte de España surgieron las primeras vocaciones. En 1800 fueron llamadas a Madrid para hacerse cargo de la Casa de niños Expósitos o Real Inclusa. Al terminar el siglo XIX, en 1900 estaban presentes en todas las provincias geográficas de España, cuidando a los niños y enfermos en el 94% de los centros de Beneficencia. A lo largo del siglo XIX, y sobre todo a partir de 1830, la Compañía experimenta gran florecimiento vocacional y una fuerte expansión misionera por los cinco continentes. Desde España partieron Hermanas para fundar en los países coloniales de ultramar: para Méjico en 1844, a Cuba en 1846, a Filipinas en 1862 y al año siguiente fueron a Puerto Rico.

A lo largo del siglo XX continuó la expansión misionera en el mundo llegando a estar presente en 95 países. Desde España partieron Hermanas para el norte de África, Santo Domingo, India, Guinea ecuatorial, Angola, Chad y otros países de África,… En todos, las hermanas han sabido dar respuesta a las situaciones de necesidad donde sobreviven